Los ‘chiriperos’ que ya no se ven en las calles de la Capital

Santo Domingo, RD
Su memoria intenta guardar los recuerdos, pero la edad lo traiciona. Detrás del mostrador, Rafael Encarnación hace su mayor esfuerzo por recordar a aquellas figuras que frente a su establecimiento pasaban ofreciendo su oficio.

Tras empezar a rememorar, la imagen de a quienes la inclemencia del sol no les quebraba la voluntad de trabajar, llegaba a la cabeza de aquellos que escuchábamos atentos el relato de Encarnación.

“Amolador, amolador”, “brillando los calderos…”, “arreglo abanico”, eran las frases que acompañaban los pasos de aquellos personajes por las aceras de los sectores más populosos de la ciudad. Unos vivían en el mismo barrio, otros llegaban al lugar en el transcurso del día; pero siempre con la misma intención, lograr que alguien les llamara para realizar sus oficios y así retornar a sus hogares con la paga que les permitía tener el pan de cada día.

“Ahí en la esquina vivía un curandero, en la otra estaba el zapatero y más adelante el que arreglaba abanicos”, así se expresa Encarnación, quien lleva más de 50 años viviendo en Vietnan de Los Mina y con añoranza recuerda a quienes, con su don característico, ofrecían servicios y productos por las calles del barrio y que hoy día, muchos solo permanecen en las escasas memorias de quienes aún los recuerdan.

Durante la conversación con el equipo de reporteros de este medio, destaca que aunque en su mayoría han desaparecido, su trabajo hace falta en la actualidad.

“Aquí en el barrio había de todo, desde frío-frío hasta los llamados brujos o curanderos, que no curaban nada, pero la gente creía en esas cosas y entendía que funcionaba”, indica con una sonrisa de incredulidad.

Personajes con oficios tan pintorescos de la cultura y la economía dominicana y del ingenio popular, como las comadronas, los curanderos, el frío-frío, el carbonero, las marchantas, los riferos, las costureras, entre otros, son añorados por quienes les vieron pasar una y otra vez por el frente de sus hogares.

Tal es el caso de Luz Rollins, quien comenta la falta que hacen estos “chiriperos”, ya que los mismos resolvían cualquier cosa y a bajo precio, lo que dice ha desaparecido a causa de la automatización de algunas tareas y la evolución de la sociedad.

Sentada en su negocio, trae a su memoria las veces que también fungió como uno de estos comerciantes, pues siendo su familia la más afortunada del Barrio 27 de Febrero, cobraba hasta dos cheles por permitirles a sus vecinos ver televisión.

“Al final de la calle estaba un señor que resolvía cualquier problemita que uno tuviera en el barrio (…) El hacía anafes, pues no existían las estufas”, dice.

Hace muchos años, cuando apenas el barrio 27 de Febrero empezaba a nacer, Clemente Solano vendía carbón en una esquina y suplía a amas de casa de aquel combustible que encendía sus anafes para cocinar.

Así como Clemente, muchos de los fundadores de estos barrios añoran a quienes vivían de estos oficios que a cualquiera en la comunidad sacaban de apuros y resolvían desde la rotura de una prenda de vestir, hasta el parto de una embarazada.

El amolador: Se encargaba de amolar o sacar filo a los cuchichos o machetes del hogar.

El carbonero: Vendía carbón a las amas de casas en tiempos donde los anafes eran la herramienta para cocinar.

La marchanta: Es de las pocas figuras que todavía se puede encontrar en los barrios y que se encarga de vender alimentos.

El arregla sombrilas: Muy pocos quedan, en su mayoría desaparecieron.

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