OPINIÓN: El pan de la enseñanza: en un mundo capitalista.

Por: Mérguinson Rosado Ramírez
Galván de Neyba: En palabras del educador y pedagogo brasileño Paulo Freire «El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas»1.
Nunca antes en la historia de la humanidad había operado un sistema tan ambicioso como el capitalismo. Del oriente al occidente, desde el norte hasta el sur, en cada continente encontramos el modelo capitalista. La filosofía de este sistema consiste principalmente en la obtención de beneficios económicos. Además, busca producir bienes y servicios de manera privada e independiente. Esos bienes y servicios tienen que ser consumidos para obtener más recursos. El valor que se le da a los bienes y a los servicios (precio), es determinado por el mercado; el cual depende de la oferta y la demanda.
Según las bases de este sistema, un individuo puede producir lo que quiera y venderlo al precio que desee. Propone que el trabajador proporciona su trabajo a cambio de un salario, y con este salario puede adquirir productos o servicios. Si los individuos persiguen el beneficio económico y la competencia en el mercado aumentará la riqueza, y con el aumento de la riqueza aumentarán los recursos disponibles.
Uno de los fines de la educación es preparar a las personas para un puesto de trabajo, es decir, formar profesionales útiles para la sociedad. Según el destacado profesor Gary Becker, Premio Nobel de Economía (1992), define su teoría del Capital Humano como “el conjunto de las capacidades productivas que un individuo adquiere por acumulación de conocimientos generales o específicos”.
2 En otras palabras, los individuos invierten en sí mismos para conseguir incrementar sus capacidades productivas individuales; provocando con ello, un incremento de productividad que se traducirán en mayores rentas salariales en el futuro.
Al considerar esta teoría, nos damos cuenta que por medio de la educación nos convertimos en personas productivas para la sociedad, y a su vez, contribuimos al crecimiento económico de nuestra nación.
Conforme a la declaración de Elena G. White: “Al enseñar matemáticas, se lo debiera hacer en forma práctica. Se debería enseñar a todo joven y a todo niño no solamente a resolver problemas imaginarios, sino a llevar cuenta exacta de sus propios ingresos y gastos. Aprenda, usándolo, el debido uso del dinero. Enséñese a los niños y niñas a elegir y comprar su ropa, sus libros y otras cosas, ya sea que los paguen sus padres o ellos mismos con sus propias ganancias; y si llevan cuenta de sus gastos aprenderán, como no lo lograrían de otro modo, a valorar y usar el dinero”2.
“Mientras estudian, muchos alumnos recibirán una educación más valiosa si se sostienen a sí mismos. En vez de incurrir en deudas o depender del sacrificio de sus padres, los jóvenes de ambos sexos deben depender de sí mismos. Así apreciarán el valor del dinero y el tiempo, las fuerzas y las oportunidades, y estarán menos expuestos a la tentación de adquirir hábitos de ociosidad y derroche. Las lecciones de economía, laboriosidad, abnegación, administración práctica de los negocios y firmeza de propósito que así aprendan, constituirán una parte importante del equipo necesario para librar la batalla de la vida”.
Este asunto demanda la atención de los padres, los maestros, los alumnos, de todos nosotros, jóvenes y mayores. Ningún proyecto comercial o personal que se limite a esta vida y que no haga provisión para el futuro eterno, no será correcto ni cabal. Hay que enseñar a los jóvenes a tomar en cuenta los asuntos eternos al hacer sus planes temporales. Hay que enseñarlos a escoger los principios y buscar los bienes eternos, a acumular para sí aquel “tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye”. Lucas 12:33.
Se está apoderando del mundo un afán nunca visto. En las diversiones, en la acumulación de dinero, en la lucha por el poder, hasta en la lucha por la existencia, hay una fuerza terrible que embarga el cuerpo, la mente y el alma. En medio de esta precipitación enloquecedora, habla Dios. Nos invita a apartarnos y tener comunión con él. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”. El Señor desea que, como el salmista David, expresemos: “Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata”. Samos 119:72.
El autor es docente y líder cristiano.
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1. Freire, Paulo. (1990). La Naturaleza Política de la Educación. Paidós.
2. Becker, Gary S. (1964) Human Capital. Columbia University Press for the National Bureau of Economic Research.
3. White, Elena. (1998). La Educación. Asociación Casa Editora Sudamericana.
4. Reina Valera (1960).
Fuente: Gustavo Noticias Neybacity
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