Diferencia entre conocimiento e información (parte I).

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Por Carlos Julio Feliz Vidal

El conocimiento es mucho más que la información; se puede tener información y no comprenderla, no diferenciarla de otras informaciones parecidas, tampoco saber utilizarla para resolver problemas humanos, y, consecuentemente, no tener conocimiento, ser sólo una enciclopedia, desprovista de razón.

El conocimiento requiere información, pero tener información no equivale a tener conocimiento. La inteligencia artificial tiene mucha información que puede procesar en tiempo récord, y sobre esa base realizar múltiples tareas, sin embargo, los algoritmos que le alimentan, carecen aún de un pensamiento crítico altamente elaborado, que le permita trascender la realidad o domesticar la propia información hasta el punto de pasarla por alto, sin que esta haya sido reemplazada, porque las máquinas no se cuestionan así mismas, no tienen en su red neuronal la capacidad de hacer eureka, ni la intuición humana, por eso su gran utilidad está en «procesar», en reproducir» información, cotejarla, codificarla y convertirla en «realidades» con consecuencias útiles para la humanidad (cálculos, música, imágenes, estadísticas, control, textos, etc.), no así para hacerse «consciente» de las propias fallas que alimentan su programación, porque esas fallas son una consecuencia del alcance del conocimiento humano en un momento determinado.

Los humanos informados podrían razonar como las máquinas, ser algoritmos de información, y dejar de ser entes de construcción de conocimiento, porque empleen esencialmente la memoria y no la razón.

Hoy la información no es poder como lo era antes; hoy la información es un bien común, disponible para todos; hoy lo que todavía no es un bien común es el conocimiento, porque «conocer» es más que estar informado, el conocimiento requiere de una alta capacidad para cuestionar de manera crítica la información, necesita del razonamiento adecuado para inferir nuevos conocimientos y de la habilidad para hacer que el conocimiento «sorprenda», que la intuición aflore y que la capacidad humana de cuestionar y crear nuevos «mundos» no se agote en las paredes extensas de los algoritmos y fórmulas, en tanto que es el cerebro humano la fuente de las sinapsis que permite hacer preguntas significativas y buscar las leyes de la naturaleza y de la sociedad, que abre el camino de la Ciencia y permite descubrir los errores y replantear las nuevas rutas del conocimiento para confirmar o revocar la información disponible, en cada época históricamente determinada.

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