El Viejo Viento del Caribe y la Flor de Oro»

El Viejo Viento del Caribe y la Flor de Oro» del libro «El Romancero de las Estrellas» de Jacques Stephen Alexis.
«Cuando Anacaona bailaba recreaba el misterio de la alegría. Cuando la Reina entonaba el gran canto de las Mariposas Negras, el Caribe entero se esculpía en silencio, el día detenía su marcha, y la noche llegaba, cuidadosa a escuchar soñadora e inmóvil.» El Viejo Viento del Caribe cuenta por qué se quedó soltero , y narra, a su manera, la leyenda de la Flor de Oro:
«Es cierto que ella, Anacaona, la Flor de Oro, prefirió al Gran cacique de la casa de Oro, al terrible Caonabo, pero yo esperaba que cuando volviera de la misión a que me envió, me amara a mí, sólo a mí.»
La Flor de Oro parecía flotar por encima de la tierra bajo los brazos balanceantes de sus seguidores, acostada, pero ella bailaba. […] El bello sexo emplumado de la reina respiraba dulcemente, abierto, casto como las alegres corolas de las orquídeas salvajes del Bosque de Pinos: tierna calma de las fluencias caribes, dulzura, placer de vivir, emoción de una naturaleza siempre radiante y feliz. Su vientre era ajetreado como nuestras llanuras en época de trabajo, labrado y ahondado en surcos y montículos, danzaba, espejismo de las labores cotidianas antes de la invasión de los hidalgos bárbaros.
La música se crispa, rugiente, cadenciosa y ladradora como los perros voraces que las carabelas españolas soltaban sobre las playas del tierno pueblo de Xaragua. Los senos de La Flor de Oro saltaban al cielo, aterrorizados, así como las muchachas indias a la vista de los caballos de los conquistadores, pero el bello cuello escultural de la reina daba vueltas, daba vueltas incansablemente, daba vueltas la artesanía eterna de la vida recomenzada. (Alexis, 2015, pp.164- 165)15
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