A la mujer

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La mujer, más que un complemento en la vida del hombre, es su otra mitad, en una unión que construye el género humano, aunque a lo largo de la historia su papel en las sociedades ha sido relegado a un segundo plano.

El hecho de albergar durante nueve meses una vida en su vientre la convierte en custodia de la especie humana, porque el vínculo con la criatura que nace de sus entrañas no se interrumpe con el nacimiento, sino que permanece indeleble durante toda la existencia del hijo o de la hija, hasta que un día ella abandona este mundo.

Guardiana del recién nacido, encargada de alimentarlo desde sus primeros días, custodia de sus primeros pasos y transmisora de las primeras enseñanzas y valores que guiarán esa vida, la mujer es una presencia perenne, insustituible y hasta indispensable en la crianza de los hijos e hijas.

Fue en 1975 cuando la ONU estableció el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, una fecha que con el paso del tiempo ha adquirido una importancia cada vez mayor, lo que en realidad se debe a lucha silenciosa pero irrenunciable de miles de mujeres por hacerse visibles para las sociedades que históricamente les han negado derechos que consideraban reservados únicamente a los varones.

La incorporación de las mujeres a los sistemas productivos, que muchos celebraban como una especie de liberación, no solo no fue tal, sino que en la práctica trasladó las mismas discriminaciones, comenzando por salarios inferiores, exclusión de estructuras de decisión, minoría en sindicatos y en partidos políticos, al punto de que casi nunca se cumple la cuota de participación que establecieron las leyes después de muchos reclamos y luchas de las féminas.

Cada vez más mujeres asisten a las universidades, se perfeccionan, reclaman y obtienen derechos, lo cual apoyamos porque la superación personal hace a la evolución positiva de la sociedad, de ahí que nos sumamos a esta celebración porque consideramos que ellas, dadoras y portadoras de vida, maestras, profesoras, abogadas, doctoras, ingenieras, arquitectas, comunicadoras y amas de casa, son la mejor red de custodia del tejido social.

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