RD: El sargazo: 2011, el año que cambió las costas del Caribe

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Quince años después de las primeras arribazones masivas, científicos, trabajadores del turismo y comunidades costeras observan cómo una alga que antes era una rareza se ha convertido en parte de la nueva realidad ambiental caribeña.

Caminar descalzo sobre la arena sigue siendo una de las postales más reconocibles del Caribe. La brisa golpea el rostro con la misma fuerza de siempre y las olas continúan dibujando su recorrido sobre la orilla. Pero algo ha cambiado.

El aire ya no huele únicamente a sal. Un aroma penetrante, parecido al de materia orgánica en descomposición, se impone ante la frescura característica que durante décadas definió estas costas. La vista termina de confirmar lo que el olfato advirtió primero: extensas manchas de algas marrones cubren sectores de la playa, mientras los trabajadores las retiran con rastrillos y camiones antes de que avance la mañana.

‘Antes no había’, recuerda uno de los vendedores de la playa que se ha convertido en testigo silencioso del cambio en la costa.

SARGAZO

Hace apenas quince años, escenas como esta eran excepcionales en gran parte del Caribe. Hoy forman parte de la rutina de hoteles, pescadores, comerciantes y comunidades costeras que conviven con un fenómeno que transformó el paisaje de la región: el sargazo.

¿Qué ocurrió para que una alga marina pasara de ser un elemento discreto del Atlántico a convertirse en uno de los mayores desafíos ambientales para las costas caribeñas?

Para los trabajadores que recorren la playa no se trata de un fenómeno nuevo. Aseguran que las algas siempre han estado presentes, aunque no con la misma intensidad ni frecuencia de hoy. Explican que el proceso es continuo, porque su vida en tierra no supera las 48 horas: se recoge, se almacena en un área del hotel y luego es retirado. En su experiencia, el sargazo se ha convertido en parte del paisaje laboral cotidiano.

En el entorno hotelero, el sargazo ha obligado a reorganizar las dinámicas de mantenimiento e incluso ha influido en el presupuesto. Desde la administración se reconoce que, en ocasiones, las llegadas de algas ocurren de forma inesperada y cuando esto sucede se activan operativos de limpieza antes de que los huéspedes lleguen, con el objetivo de mantener la playa en condiciones óptimas.

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Juan Dolio

Pero para vendedores y pescadores el comportamiento del sargazo es cambiante. En algunos periodos, la presencia es menor y en otros regresa con mayor intensidad, cubriendo amplias zonas de la orilla. Para quienes han pasado años trabajando en la costa, el cambio no ha sido repentino en percepción, pero sí evidente en frecuencia. La playa, dicen, ya no es exactamente la misma que conocieron.

El cambio que hoy describen trabajadores y comerciantes tiene un punto en el tiempo que la comunidad científica identifica como decisivo: 2011.

El sargazo es una macroalga marina del grupo de las algas pardas (Phaeophyta), del género Sargassum. A diferencia de otras especies, no se fija al fondo marino, sino que se mantiene flotando gracias a pequeñas estructuras llenas de aire que le permiten desplazarse en la superficie del océano, explica la bióloga marina, investigadora y catedrática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Yira Rodríguez.

Según la especialista, estas algas llegan a las costas del Caribe desde el Mar de los Sargazos, una región del Atlántico ubicada entre América del Norte y África donde se concentran de forma natural. Su traslado ocurre a través de las corrientes superficiales del océano, en especial la Corriente Norecuatorial, que las empuja desde las costas de África hacia el oeste. Al alcanzar el arco de las Antillas, estas corrientes se bifurcan y las canalizan hacia el Caribe mediante la Corriente del Caribe y la Corriente de las Antillas.

El cambio

Algunos oceanógrafos sostienen que en el 2011 se produjo un evento climático inusual asociado a la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), que habría alterado el comportamiento de las corrientes oceánicas. Ese cambio, indica la investigadora, pudo facilitar el desplazamiento del sargazo desde el Mar de los Sargazos hacia otras zonas del Atlántico, donde encontró condiciones propicias para su proliferación.

Aunque el sargazo siempre ha llegado al Caribe, no lo hacía en las cantidades actuales. Fue en 2011 cuando se registraron por primera vez las llamadas “arribazones”, término utilizado para describir las acumulaciones masivas de estas algas en las costas, puntualiza Rodríguez.

Desde entonces, los picos más intensos se han registrado en 2015, 2018, 2022, 2024, 2025 y 2026, de acuerdo con estimaciones de la Universidad del Sur de Florida.

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De acuerdo con el analista meteorológico Jean Suriel, el sargazo en el Caribe ha pasado de ser un fenómeno estacional a convertirse en un problema persistente. Su llegada masiva responde a una combinación de factores ambientales que favorecen su crecimiento, como el aumento de la temperatura del mar y la presencia del polvo del Sahara, que actúa como un fertilizante natural.

A esto se suma el aporte de nutrientes provenientes de fertilizantes agrícolas que llegan al océano a través de grandes ríos como el Amazonas, el Congo, el Misisipi y el Orinoco, lo que refuerza las condiciones para la proliferación del alga.

En este punto, ambos especialistas coinciden en que el fenómeno guarda estrecha relación con el cambio climático y la elevación de la temperatura media del Atlántico, lo que permite que el sargazo florezca durante más meses al año.

La bióloga marina señala que, desde 2011, el sargazo amplió sus zonas de origen y sus rutas de desplazamiento, llevando el alga hacia costas donde antes no era habitual. Precisa además que se ha intensificado la presencia del llamado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, con proliferaciones más frecuentes en el Atlántico tropical.

Según su análisis, el alga se desplaza a la deriva, guiada por corrientes marinas y vientos, y luego es redistribuida por corrientes locales y la forma de las costas, lo que provoca variaciones en su llegada incluso dentro de una misma región del Caribe.

En ese sentido, Jean Suriel advierte que el fenómeno ha dejado de ser estacional (típico de primavera-verano) para convertirse en un evento constante: ‘en cualquier momento podemos ver sargazo en masa llegando al Caribe’, enfatiza.

Otro factor importante, añade Suriel, son las anomalías térmicas: olas de calor marinas en el Caribe, que no solo afectan a los corales, sino que crean un microclima costero que retiene el alga cerca de la orilla por más tiempo, facilitando su descomposición y los efectos negativos asociados.

‘No se vislumbra una solución a corto plazo’, sostiene Yira Rodríguez, y agrega que la naturaleza se comporta de manera no predecible, por ejemplo: en 2013 no hubo una proliferación masiva de sargazo en el Atlántico tropical, pero esta no ha sido la realidad en años recientes.

Mientras la ciencia continúa buscando respuestas, en las costas la realidad es más simple y urgente. Hoteleros, vendedores y trabajadores unen esfuerzos para retirar el sargazo que llega cada día a la orilla. “Lo recogemos, igual que se limpia una casa”, dice uno de ellos. Porque, más allá de los estudios y las proyecciones, la playa sigue siendo el principal patrimonio de quienes viven del mar.

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Consecuencias de una nueva realidad 

Los ecosistemas marinos representan uno de los ámbitos más afectados debido a que el sargazo se acumula en áreas donde ya no flota libremente y comienza a descomponerse junto a los organismos que se quedan atrapados allí, nos explica Yira, y agrega que los más afectados pueden ser: arrecifes de franja, praderas marinas, playas sumergidas, playas de arena, el manglar y cualquier bahía o ensenada donde se acumule en grandes cantidades, de hecho, esta es una de las grandes preocupaciones de la especialista.

El bloqueo de luz que produce el sargazo afecta los procesos de fotosíntesis en los ecosistemas sumergidos, además se desprenden lixiviados tóxicos, se altera el pH, acidificando el agua circundante como producto de la misma descomposición.

El turismo también figura entre los sectores más afectados, ya que muchos visitantes evitan las zonas donde se acumula el sargazo, por el olor desagradable que libera al descomponerse producto de la liberación de ácido sulfhídrico y amoniaco, que además acarrea problemas de salud, como: náuseas, cefaleas y problemas respiratorios.

La tendencia, asegura Suriel, no apunta a una disminución del fenómeno. Por el contrario, la comunidad científica observa señales de que el sargazo continuará aumentando en la región. Cada masa de algas que llega a la costa y se descompone libera nutrientes que regresan al mar, alimentando nuevos crecimientos. Si a esto se suma el continuo aporte de nutrientes desde grandes ríos y el incremento de la temperatura global, el Caribe podría estar frente a una realidad cada vez más frecuente: convivir con el sargazo como parte permanente de su paisaje costero.

Se estima que el costo de remover el sargazo en un kilómetro de playa asciende a unos US$1.5 millones. 

Gran parte de ese gasto recae sobre el sector hotelero, que debe mantener las costas en condiciones atractivas para los visitantes. Las labores de recolección son supervisadas por el Ministerio de Medio Ambiente para evitar daños a la arena y a los ecosistemas costeros, mientras que el Ministerio de Turismo aporta recursos para apoyar con la limpieza de las playas.

¿Está el Caribe preparado para convivir con este fenómeno? Todavía no, al menos no en su totalidad, indica la bióloga marina Yira Rodríguez, aunque, sostiene, la región está aprendiendo a enfrentarlo. Y agrega, ‘se debe implementar una gestión planificada a largo plazo’.

Los países que conviven con el fenómeno, solo tienen posibilidad de mitigar el impacto, y reducir riesgos mediante barreras flotantes y embarcaciones recolectoras que reduzcan su llegada a la costa, además de impulsar alternativas para aprovecharlo como materia prima.

Aunque aún no existe una solución definitiva, las investigaciones sobre el sargazo avanzan en distintos países. Los estudios se enfocan en transformar esta biomasa en productos como fertilizantes, bioplásticos, materiales de construcción e incluso fuentes de energía. Además, el monitoreo satelital y el conocimiento acumulado sobre su composición permiten comprender mejor el fenómeno y explorar nuevas formas de aprovechamiento.

La investigadora advierte además que las arribazones recurrentes podrían alterar de forma permanente algunos ecosistemas costeros. Si arrecifes y praderas marinas se degradan, también podría verse afectada la formación natural de las playas y, con ello, el atractivo turístico que distingue a gran parte del Caribe, concluye.

Quince años después, la arena blanca y la costa ya no conservan aquella imagen que, desde el alba, invitaba a respirar un aire limpio y a contemplar con calma al pescador en la orilla. Rastrillos, camiones, trabajadores y montones de algas forman hoy parte de una escena que se ha vuelto cotidiana.

 

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